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El soldado de instrumentos

Jan Carlos Soria Cusihuaman

Había un sin número de especies a lo largo del valle. Flora y fauna en abundancia se manifestaban en la multitud de aves y roedores que se movían sin cesar en el descubierto paraje.

Se escuchaban ruidos de par en par; eran pasos, aunque, si quiero ser preciso, eran pisadas profundas sin ánimo de no ser escuchadas; estas iban al compás de la marcha, como las de un soldado solitario que, en lugar de un arma, llevaba herramientas de trabajo. Se alojaba en un espacio pequeño pero grato para él, nada más que un 6×4, suficiente espacio para su laborioso proceder, cuyo esfuerzo se define en la cantidad de artilugios necesarios para formar así instrumentos para trovadores más actuales; un golpe con el mazo martillero concluye en el pacto o compromiso del sin cesar de su labor. Visto desde sus ojos, se apreciaban nubes que se movían suavemente entre el viento, y unas montañas que se imponían alrededor; esto es tranquilidad y paz, los sonidos aclaran que en el silencio siempre hay ruidos, a veces inaudibles para aquellos distraídos, pero que él escuchaba claramente.

Entendía de procesos, sabía que no se podía pretender obtener algún producto si primero no se trabajaba en ello; la formación de un instrumento como una guitarra requería firmeza, pero también suavidad, gran atención y una mirada cuidadosa; cada traste tenía una medida exacta, si se fallaba solamente un poco ya no servía, el instrumento desprendería sonidos bulliciosos, alejados de la melodía; pero si precisamos en cada aspecto, este instrumento desprendería sonidos casi celestiales, pues convergen entre lo natural y lo sobrenatural.

La precisión, la paciencia y el esfuerzo eran un lenguaje que el soldado de instrumentos conocía muy bien, solamente saben estas cosas aquellos que saben de batallas de derrotas, pero también de victoria; la vida, seguramente, le fue por deudora pero él asumió el reto de perfeccionarse.

Las manos con la cual hacía estas cosas no eran para nada perfectas, más bien eran callosas, algunas cicatrices rebordeaban las palmas y, sobre el nudillo de la mano derecha, mostraba una quemadura del constante ajetreo con el fuego con el afán de calentar las planchas de madera de cedro para su fácil manejo y, al final de su labor, unas capas de pintura que mostraban la magnitud de su creación, no solamente el sonido que manaba del instrumento era bello, sino también su aspecto.

Cada cosa que realizamos en la vida conlleva precisión, paciencia y esfuerzo; estas cosas se construyen con el tiempo y es muy probable tener heridas de cosas que fallaron y no resultaron; pero perfecciónate en aquello que eras débil antes y prosigue con la marcha; quien sabe, tal vez de lo que hagas, emane vida.

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